Ya no está
Llop, no ataja
Campagnuolo,
Blanquiceleste es historia. Sin embargo,
Racing sigue penando más allá de quien sea el técnico, el arquero o el presidente. Más allá de la victoria ante Godoy Cruz, en la cancha se ve un equipo que no es tal, sin conceptos, sin rumbo. Algo que se repite por lo menos desde el Apertura 2005, torneo en el que
Racing empezó un declive futbolístico que perdura hasta la actualidad pero que tiene sus causas mucho más lejos en el tiempo y mucho más profundas en cuanto al origen y sus
implicancias.
El sábado 7 de marzo, el día del 4 a 1 con Tigre, se cumplieron diez años del día en que
Racing no pudo empezar el Clausura 99 porque estaba en quiebra y daba déficit. Había dejado de existir, según las palabras de la síndico
Liliana Ripoll. Aquel domingo de 1999, en una tarde calurosa y soleada, los hinchas llenaron el Cilindro a pesar de que no había ningún partido. Treinta mil almas se dieron cita para gritar por
Racing, por el sentimiento, por el amor incondicional a la camiseta y al club.
Racing estaba en una situación terminal y se temía lo peor: la clausura y la desaparición. La movilización de la masa
racinguista y la activación de varios resortes políticos hicieron que el club subsistiera. Se creó la Ley de Fideicomiso Deportivo y
Racing, a los tumbos, pudo seguir adelante. Sin recursos económicos y con una pesada deuda de 64 millones de dólares, el plantel se deterioró. El 2000 fue un año pésimo:
Racing ganó apenas 4 partidos, fue 18º en el Clausura y último con 11 puntos en el Apertura. La soga estaba al cuello, el déficit volvía a apretar y la amenaza de cierre volvía a aparecer. Las administraciones de De
Stéfano, Otero y
Lalín habían dejado su huella y
Racing pagaba las consecuencias. Vaya si las pagaba.
Fue entonces cuando apareció
Blanquiceleste, que fue presentada como la única salida posible a la desesperante situación que se vivía. A partir de enero de 2001, la empresa se hizo cargo del club. El primer año fue positivo. De la mano de Merlo, el equipo mejoró y con 29 puntos en el Clausura 2001, se salvó de la Promoción. En el segundo semestre llegó el milagro del título, con un equipo austero pero
rendidor. Posiblemente, la llegada de
BC le dio un orden y una tranquilidad a los jugadores que les permitió dedicarse a jugar y nada más.
Racing venía acostumbrado a las penurias económicas y la ausencia de autoridades, algo que se revirtió con la asunción de la
gerenciadora. Sin embargo, el
veranito sería corto. A mediados de 2002,
BC empezó con los dislates. Por incumplimiento en la llegada de los refuerzos , Merlo, con toda la gloria encima, decidió renunciar una semana antes del comienzo del Apertura. La empresa conducida por Fernando
Marín empezaba a mostrar su poca seriedad y la ausencia de un proyecto.
Año tras año,
Racing fue empeorando. Cada temporada, el plantel se desarmaba y perdía calidad. Cada vez, los refuerzos que llegaban eran de menor categoría. La tendencia se acrecentó a partir del Apertura 2005. Se fueron
Lisandro López, Guerrero y
Cardetti, tres delanteros de gran categoría, y vinieron
Osvaldo Miranda y Raúl
Estévez, dos atacantes con menos gol que
Renault. En el Clausura 2006,
Racing andaba tan mal, había sacado un punto de 15, que el
Cholo Simeone tuvo que retirarse de apuro y asumir como técnico, en lugar del renunciante
Quiroz,
interinato de
Fanessi mediante. El cambio no surtió efecto y el equipo siguió perdiendo. Ganó su primer partido en la fecha 12 ante San Lorenzo y luego volvió a perder ante Argentinos y Gimnasia
LP. En 14 partidos,
Racing iba último con 6 puntos.
La gente aumentó la presión y
Marín, después de encadenar muchos desaciertos, decidió irse. Arregló el traspaso del
gerenciamiento con De
Tomaso y éste no tuvo mejor idea que
apurarse y anunciar el regreso de Merlo para el torneo siguiente.
Racing ganó 4 partidos seguidos y el
Cholo se despidió en la última fecha con un empate 1 a 1 con
Newell’s en el Cilindro. Se llevó una ovación conmovedora y quedó la sensación de que se merecía y que debía seguir. Había puesto el hombro en un momento muy delicado y lo había sacado adelante. De
Tomaso, su soberbia, su torpeza y su demagogia habían decidido otra cosa.
La segunda era Merlo fue un fiasco. En el Apertura 2006 hizo 26 puntos, que después de los 19 que se habían sacado en el Clausura de ese año, fue algo más o menos aceptable. En el Clausura 2007, los resultados no acompañaron:
Racing igualó los primeros dos partidos, el segundo
Vélez se lo empató en tiempo adicionado, y perdió en las fechas 3 y 4. Con un pobre rendimiento, le ganó a
Lanús y después volvió a perder con Argentinos. Aparecieron algunos roces entre el plantel y Merlo y al final Mostaza pateó el tablero contra De
Tomaso, que había tanteado con los jugadores para echarlo. Tras una conferencia de prensa explosiva, en la que Merlo dijo que “
Blanquiceleste no le había cumplido en nada”, por ejemplo, no le había pagado sus honorarios, y que “el plantel y él iban a sacar la situación adelante”, el
gerenciador no tuvo más remedio que echarlo.
Tras un breve
interinato de
Micó, asumió Costas que cerró el torneo con tres victorias seguidas. Luego de la primera fecha del Apertura, victoria 2-0 frente a Olimpo en Bahía Blanca,
Moralez fue transferido al
FC Moscú en una muestra más de la poca seriedad de
Blanquiceleste, que tanto con
Marín como con De
Tomaso,
priorizó los negocios privados por sobre el porvenir de
Racing. Sin posibilidades de reemplazarlo, la baja de
Maxi se sintió mucho y el equipo adoleció de fútbol durante todo el campeonato. Tras perder 3-0 contra Huracán en la fecha 18, Costas, a quien también le debían mucho dinero, renunció. La última fecha la dirigió
Micó y
Racing le ganó 1 a 0 a Colón.
Así, a los tumbos, sin planificación y sin proyectos sustentables, con deudas con los técnicos y los jugadores,
Racing llegó al Clausura 2008, torneo que lo depositó en la Promoción ante
Belgrano. Una enormidad de jugadores pasaron por el club, muy pocos se identificaron con la camiseta y la mayoría de ellos mostró un nivel muy bajo. Ante tanta tempestad,
Blanquiceleste, que no había cumplido con sus obligaciones ni económicas ni deportivas, fue destituida. A fin de año hubo elecciones y
Racing volvió a ser
Racing, una asociación civil en manos de sus socios. Sin embargo, la historia sigue torcida.
Asumió
Rodolfo Molina, con toda su inexperiencia a cuestas.
Llop, que venía mal del torneo pasado, se fue tras la derrota ante Independiente.
Molina lo había confirmado antes de las elecciones pero en realidad no lo quería. Como no tenía muchas opciones, lo mantuvo. La desgastada relación entre el técnico y el plantel fue motivo de polémicas y el presidente tuvo intervenciones que, lejos de aplacar las aguas, agitaron aún más el avispero.
La llegada de
Caruso Lombardi generó nuevas expectativas. Sin embargo, el empate ante Argentinos y la derrota frente a Tigre desnudaron que el panorama es muy complicado. Va más allá del nombre del técnico. La victoria frente a Godoy Cruz fue crucial y trajo algo de aire fresco. Sin embargo, más allá de los resultados venideros,
Racing debe cambiar su forma de funcionar a nivel institucional. Debe
refundarse de verdad, planificar a largo plazo y ordenarse económicamente para que eso se vea reflejado en el fútbol. De esa manera, con un club en ordenado y sólido, será mucho más fácil poner en la cancha un equipo competitivo y ganador. De lo contrario, las penurias tendrán mucho más protagonismo que las alegrías. Cómo ha pasado hasta ahora.