Cuando llegó el partido ante Godoy Cruz por la sexta fecha del campeonato,
Racing acumulaba diez encuentros sin victorias. Ganar ante los mendocinos era indispensable, imperioso,
impostergable. Ese día, en el que
Racing finalmente se impuso por 1 a 0, Jorge, un hincha de
Racing sufrido, entusiasta y seguidor como tantos y también como pocos, fue a alentar a
Racing, su
Racing, con la esperanza e ilusión de que el equipo empezara a cambiar la historia. Luego de la victoria, que significó un gran desahogo, Jorge volvió a su casa, más tranquilo y más esperanzado. Estaba entre contento y aliviado. “Al fin ganó
Racing”, se decía para sí, al tiempo que pensaba qué bueno sería que esa victoria no fuera una alegría aislada sino el comienzo de una historia diferente.
En la fecha siguiente, Jorge fue a La Plata a ver a
Racing frente a Estudiantes. Antes de salir, se vistió cuidadosamente: a pesar de no ser un tipo
cabulero, se puso la misma remera azul con rayas blancas horizontales que había usado en el partido ante Godoy Cruz. El resto de la ropa cambió, pero la remera azul se mantuvo deliberadamente. El partido con el Pincha terminó 0 a 0 y
Racing se trajo de La Plata un punto más que valioso, sobre todo teniendo en cuenta el desarrollo del partido, adverso de principio a fin.
El próximo rival era
River, ese al que
Racing toda le vida le costó horrores ganarle. Y Jorge volvió al Cilindro, otra vez con su remera azul. Sabido es,
Racing volvió a ganar, no sin antes sufrir y cómo. A esta altura, la remera se había convertido en un objeto
invalorable para Jorge que, en realidad, no es supersticioso, no cree en esas cosas pero de vez en cuando le gusta divertirse y pensar que un amuleto puede influir en los resultados de su equipo.
Después de
River, llegó Central. Jorge no fue a Rosario, pero ese día volvió a ponerse su mágica remera. Desde su trabajo, Jorge vio la gran victoria académica, otra vez vestido de azul. Ante
Banfield, Jorge volvió a la cancha, obviamente con la remera azul sobre su piel. Sin patear al arco en todo el segundo tiempo, con
Migliore vomitando y uno de los palos como aliado,
Racing volvió a ganar y así hilvanó una serie de cinco partidos invicto y sin goles en contra. Jorge, de quien ya dije que no es
cabulero y lo remarco, había encontrado su manera de ayudar a
Racing: usando esa remera.
Ante San Lorenzo, Arsenal y
Vélez, Jorge no pudo ir a la cancha por diferentes motivos. Pero todos esos días usó la remera azul, como en los cinco partidos anteriores. Él no se acuerda si ya había usado esta prenda antes, durante algún partido de
Racing. Lo cierto es que tras la victoria ante Godoy Cruz la adoptó como cábala y no la largó más.
Con una serie acumulada de ocho partidos sin perder y la derrota de Central ante
Lanús,
Racing tenía la gran oportunidad de escaparse de la zona caliente de los Promedios. Con una victoria ante San Martín, La Academia quedaba casi salvado del Descenso directo y le sacaba seis puntos de ventaja a Rosario, el más inmediato perseguidor. A esta altura, Jorge, que no sólo vive del fútbol y de
Racing, estaba mucho más tranquilo y, a su vez, confiado. Con el paso de los años había aprendido a tomarse a
Racing con más serenidad. Esperaba el partido con San Martín con optimismo, imaginaba un
Racing ganador. Como tenía que trabajar, no pudo ir a la cancha. Vio el primer tiempo en su trabajo y el segundo, en un bar. Tras el segundo gol de San Martín, un mal presentimiento le corrió por el cuerpo. Sentía que algo no andaba bien. La derrota se consumó y Jorge volvió a su casa, caminando bajo una tenue llovizna, lamentando la derrota y pensando sobre la vida.
Una vez en su hogar, se relajó un poco, se sacó la campera, se sacó el buzo y pasó por el baño a realizar menesteres que no vienen al caso. De repente, se dio cuenta de todo: se vio en el espejo y observó que tenía puesta una remera celeste. “No te puedo creer”, gritó desesperado. Salió del baño y fue hablar con su hermano, a quien en algún momento le había comentado los poderes de la remera. “No puede ser”, le dijo. “Me olvidé de ponerme la remera, por eso perdió
Racing”, reflexionó entre angustiado e incrédulo. “
Dejate de
joder”, le contestó el hermano, entre risas. “
Racing perdió por mi culpa”, se lamentó Jorge. “Ni por
Migliore, ni por la ausencia de
Lugüercio, ni por los cambios de
Caruso. Perdió por mi culpa”, agregó, lapidario.
Jorge no creía del todo en lo que decía, pero la evidencia y la contundencia de los hechos era tal que no había como escaparse de ellos. La remera azul había sido clave en los ocho partidos sin derrotas y Jorge, por un descuido, por un olvido, por una
desconcentración, la había dejado al margen de esta última fecha. Sin dudas, él fue el culpable de la derrota ante San Martín de
Tucumán. El domingo, cuando
Racing juegue ante Colón, Jorge prometió volver a usar la remera azul.